Eltayabamba.- “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”, decía el profeta musulmán; y esta misma consigna llevan implícitamente miles de niños del ande peruano cuando transitan largos caminos para asistir al aula tutora.
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La niña de 11 años, Luz Mabel, cruzando el Marañón para acudir a sus clases en la escuela de Vijus. |
Luz Mabel Guillen Verde, una niña de 11 años, antes de caminar un largo trecho para llegar hasta la escuela de Vijus, tiene que cruzar diariamente el ancho y caudaloso río Marañón transportada por una oroya.
Los que hemos tenido la experiencia de ver las aguas del Marañón en tanto la polea se desliza a lo largo del cable, no podemos olvidar aquella sensación de mareo y desconcierto que provocan los movimientos simultáneos de la oroya deslizándose a cierta altura y trasversalmente la presurosa corriente del río avanzando sin cesar.
Lo asombroso de la niña de 11 años, Luz Mabel, es su confianza para manejar ella sola el mecanismo de la oroya, mostrando total serenidad durante los 7 a 8 minutos de tiempo que toma trasladarse sobre el caudaloso Marañón.
El 27 de abril último, en Vijus, se celebró el cumpleaños de una compañerita de estudios de Luz Mabel; y a causa de algunos desperfectos en el equipo de música, la fiesta comenzó tarde y se prolongó hasta las 9 de la noche, haciéndose necesario que los familiares de la cumpleañera transportaran en una camioneta a algunos niños hasta sus viviendas.
Para el conductor que acompañaba a los pequeños fiesteros, la sorpresa empezó cuando Luz Mabel le solicitó que le dejará en la orilla del Marañón, porque su vivienda se encuentra a la banda de Vijus, hasta donde se llega a través de una oroya.
Luz Mabel, que llevaba puesta un vestido amarillo, bajó del vehículo y cruzó los reflectores del carro para avanzar con agilidad y subir a la cabina metálica que se mecía colgada del cable. La niña, como hace todos los días, jaló rápidamente las cuerdas y pronto la oroya empezó a deslizarse en dirección al río; y en pocos segundos el amarillo del vestidito desapareció en medio de la oscuridad, dejando estupefacto al conductor de la camioneta que miraba algo nervioso el cable que se perdía en la penumbra sobre el río.
Luz Mabel, cruzó el marañón sin dificultad, y luego de bajarse con cuidado, miró a la banda en donde los reflectores del carro ya cambiaban en dirección de retorno.
Al día siguiente, al enterarme del suceso, bajé hasta la oroya en busca de Luz Mabel, y tuve la suerte de ver a la pequeña heroína trasportándose en la oroya cuando se dirigía a la escuela.
Me contó que es la última de tres hermanos; y que esta operación de usar la oroya diariamente, lo hace desde los ocho años de edad para ir a la escuela; además, la niña, sin dejar su sonrisa en los labios, me relató que también cruza el Marañón a nado; sí, tal como se lee, la niña además, cruza el río nadando.
Así como Luz Mabel, hay innumerables niños peruanos que diariamente superan múltiples dificultades para recibir la luz del conocimiento, noble ejercicio que ensancha el camino de la vida y facilita el ascenso a la realización personal.
Felicitaciones por tu esfuerzo y valentía Luz Mabel.
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Cruzar el Marañón diariamente para ir a la escuela, es una labor que Luz Mabel realiza desde los 8 años de edad. |
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A sus 11 años de edad, Luz Mabel, no solamente usa diariamente la oroya, sino también a cruzado a nado el caudaloso río patacino. |
Por: Arnold Melgarejo López
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba
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