Eltayabamba.- No hay duda que en la letra del glorioso himno santoribiano hay mucho de profético con la historia de Tayabamba, son el uno para el otro, me atrevo a decir que el colegio Santo Toribio es como el novio eterno de Tayabamba, su celoso custodio y su soberano por tradición y por destino.

Hace una semana que culminaron los festejos por los cincuenta años del primer colegio de la provincia, del viejo coloso que albergó en sus aulas a generaciones de tayabambinos y patacinos que hoy se encuentran triunfando por todo el mundo y es algo especial sentirse y ser un santo toribiano, es un orgullo, una pasión, quizás una religión y este ultimo aniversario, creo que muchos volvimos por unos instantes a recordar las horas en la secundaria, a los amigos a los viejos maestros y las interminables tertulias en su patio de honor y la mente nos transporta a esas horas y si hubiese que pedir un milagro o un deseo al destino, pediría en estos momentos volver a vestir el uniforme gris y colgarme en el pecho la insignia del Santo Toribio y revivir los buenos momentos:
Las letras y el cerro Pahuarchuco, tradición:
Añoro hoy, haber subido al cerro con mis camaradas de promoción y escribir las iniciales de mi colegio y hacerlas brillar en la noche toribiana, pero aquella noche de bodas de oro, los ex alumnos que laboramos en la UGEL Pataz nos propusimos participar de esta tradición, claro que no subimos al cerro, pero nos apostamos en el alto de la caridad y con un buen grupo de chirocos (gracias profesores: Nel Guadiamos y Nel Escobedo) esperábamos al son de la caja y los aplausos a la promoción 2011 que venía de iluminar el cerro, cuando aparecen en grupo abrazados dando vivas el pelotón de jovencitos se confunden con la multitud en la plaza que con faroles en mano iluminan la noche toribiana y calle abajo se van a los ambientes del colegio, donde en los años de antaño, nosotros toribianos disfrutábamos de las noches de verbena, empuñando el armazón del farol, después de la batalla de faroles a tomar el chocolate caliente y reír a carcajada llena con las ocurrencias de don Hugo Mebus, otro buen maestro toribiano en sus clases de ingles.
El director y los viejos maestros:
El día de la actuación central, día de reinas; se presentaron los retratos en cuadro de los tres primeros directores, a propósito el tercero de ellos Gilberto Flores Escudero, fue nuestro director y su plana de docentes una de las mejores épocas en Santo Toribio, y hoy los recuerdo en cada bocanada de humo del maestro Julio Campana Ortecho y sus clases magistrales en historia y geografía; igual a los hermanos Tulio y Edy Noriega; las pruebas objetivas de lenguaje del maestro Juan Benites Narciso, las matemáticas enredadas en la tiza del profesor Vargas; el temor imaginario más a las puntas de acero en los zapatos que en las formulas de ciencias naturales del profesor Randolf y el ingles aprendido panta panta del libro Bob and Helen, del maestro Rafael Cerqueira, auxiliar de educación por mucho tiempo y muchas generaciones, también había tiempo para entonar canciones y formar coros gracias a la inolvidable madre Luisa, en ella aprendimos a cantar Pescador de Hombres y Tu dolor es inmenso como el mar.
El maestro de libre:
Un personaje, querido, polémico e inolvidable, que le apodamos el maestro de libre, al alumno Angel Zavaleta, tenía ya sus años para estar en el colegio, pero allí estaba en promoción y nosotros cachimbos de primer año; este querido “loco Ángel”, se daba maña para entrar a los salones que no tenían clases por falta de profesores u otras causas y nos contaba chistes y mas chistes y luego del show, teníamos que echar mano al bolsillo y entregarle nuestras propinas; buen negocio y buenos ratos pasábamos todos, luego cuando le tocó emigrar en el colegio, nos dejó una nostalgia, pero al mismo tiempo una gran lección de como matar el tiempo, porque la risa de todos modos es un buen alimento y sustancia para el alma.
Quinto año, es quinto, lo máximo la promo:
Conforme los años pasan, también se va creciendo y se va acercando al final de una etapa y desde luego sabíamos bien que llegar a quinto y ser la promo era lo máximo, pero al mismo tiempo y sin darnos cuenta también es el momento del adiós y así fue, aquellos que conformamos la promoción Javier Heraud, dejamos el uniforme, dejamos nuestras risas y lagrimas, nuestros mejores momentos impregnadas y para siempre en los viejos muros y el patio, hasta siempre, pero nos llevamos en el recuerdo y muy metido en el corazón la gratitud eterna al glorioso Santo Toribio.
Los ex alumnos llegaron, pocos:
Son pocos pero son, reza algún verso, los ex santo toribianos llegaron, muy pocos pero llegaron y se confundieron con la hospitalidad y cariño de los tayabambinos de todos los tiempos; seguramente los diversos motivos y ocupaciones no fue posible a que vinieran todos, en fin a Santo Toribio se le lleva en el corazón a todas partes; por eso aquella noche de gala en las bodas de oro, una de las gratas visitantes, Lupe Vidal Paredes, nos hizo derramar algunas lagrimas cuando declamó la hermosa “Oda a Tayabamba”, escrita por su señor padre el recordado Alberto Vidal Salas; creo que en esa entusiasta delegación de visitantes todos los ex santo toribianos están representados; muchos de ellos seguramente recordando y añorando a su querido colegio, creo con seguridad con un brindis a la distancia, imagino a mi buen amigo Jaime Noriega Longaray, defensorista al límite y toribiano de por vida.
Se acabaron las bodas de oro, pero el glorioso Santo Toribio, seguirá allí, donde estuvo siempre brillando como el sol y seguirán pasando las generaciones y se vendrán nuevos aniversarios y quizás en uno de ellos nos volvamos a encontrar con los amigos de antaño.
Dios te bendiga glorioso colegio Santo Toribio mater et magistra.
REDACCIÒN DIGITAL Eltayabamba.Com
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