Tayabamba.- La noche del jueves el regocijo, como una brizna de fervor, llenó la plaza de armas de nuestra ciudad dando inicio a la festividad en honor al santo de la Humildad, San Martín de Porres.

Con la llegada de bandas de músicos en horas de la tarde de ayer la fiesta de noviembre empezó a vibrar con cierta calidez que emulaba a años pasados cuando todo el pueblo tayabambino celebraba su fiesta al santo moreno.
Llegaron también las delegaciones invitadas de Parcoy, así como se realizó el recibimiento al obispo de nuestra prelatura Monseñor Sebastián Ramis.
En la noche, por las esquinas de la plaza aparecían casi simultáneamente los negritos de las instituciones educativas Ángelo Pagani, Santo Toribio, y José María Arguedas, cada uno con un particular, vistoso y alegre baile pero todos con la gracia y los movimientos propios del baile negroide, característica de la festividad.
Los cuetes y la banda complementaban en la plaza central el ambiente festivo que parecía haber salido de algún lugar en donde estuvo guardado por algún tiempo, y de ello se encargaron las opiniones muchos ciudadanos que coincidían en que la fiesta de noviembre en Tayabamba parecía haber vuelto a sus mejores tiempos, porque se veían a los tayabambinos no solamente entusiasmados sino hermanados con un solo motivo rendir homenaje al santo de la humildad.
El gran albazo, cuya tradición era más propia de la festividad de abril, anoche los grupos de negritos cuasi sin percatarse sellaron una nueva tradición, competir en energía, ritmo y el numero de los integrantes de la comparsa, lo cual fue notorio, y evidentemente motivo de regocijo para el publico espectador que también se contagió de la alegría y la danza.
Otra característica resaltante en la noche de ayer fue la participación activa de los pobladores que asistieron a ver a los negritos, puesto que en los intervalos aprovecharon para bailar frente al atrio de la iglesia con tantas ganas y entrega como diciendo la fiesta a llegado y todos debemos celebrarla.
Antes de la media noche llegaron también a la plaza central dos nuevos grupos de negros, los del barrio alto y barrio bajo.
Por las arterias de la plaza también se vieron a grupos de muchachos con las manos listas para pintar el rostro de las chicas que corrían a ponerse a buen recaudo pero con la inconsciente ilusión de ser pintadas como es usual entre los juegos púberos.
Se repartieron calientitos entre los pobladores, bebida tayabambina que en otro tiempo fue muy consumida, pero hoy en día, es un verdadero lujo de fiesta para calentar el cuerpo en medio de la noche fría.
Los cajeros ubicados en una de las esquinas de la plaza despertaban con sus melodías aquel ambiente profundo de fiesta religiosa patacina.
La plaza estuvo durante varias horas vibrando de alegría con las danzas de las comparsas de negritos, en donde participaron tayabambinos de todas las edades.
Chicos y grandes, residentes o visitantes nada fue impedimento para danzar y mostrar regocijo y devoción ante el santo moreno.
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba.Com
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