Eltayabamba.- Siempre de niño al despertar cada mañana y cuando los primeros rayos del día entraban ajustados por algunos vacios que dejaban las ventanas de mi habitación, no me causaba tanta nostalgia como años después de averiguar y comprobar porque aquellas ventanas que desde dentro lucían amplias con todos sus cristales que desafiaban al tiempo, habían sido taponeadas con filas de maderas y solo dejaba a la luz una diminuta parte de su encanto.

En aquellas habitaciones añejas construidas tal vez por los abuelos, padres de mi padre, intuyo la razón de poner cristales para apreciar la luz de la mañana y contagiarse del encanto matinal con los primeros trinos de las aves.
Puedo imaginar en colores los amaneceres y la niñez de mi padre, despertando cada mañana con los rayos del sol iluminando la habitación y la vida, mientras la abuela Micaela preparaba la mesa con un apetitoso desayuno.
Es posible que así haya transcurrido la lozana infancia de mi padre, disfrutando en carne viva las bondades de aquella ventana, hasta que mozuelo ya haga maletas con rumbo a los Estados Unidos a estudiar ingeniería en la universidad de Ohio.
A su retorno de tierras extrañas y con su título de graduado, se instaló nuevamente en la vieja casa de los abuelos que ya era su casa y quizás lo primero que extrañó y volvió a querer repetir como un regalo en la ausencia fue la inquietante paz y las mágicas mañanas que entraban por aquella ventana, tal vez lo aprovechó solo un tiempo.
Hasta aquí la magia de aquellas ventanas, que pasó luego, porqué alguien con martillo en mano y a sugerencia de mi propio padre procedió a taponear sus cristales con tablas de madera ajustadas a tal propósito?
Muchas veces al despertar con los rayos del sol tratando de entrar a empellones por alguna hendija de las tablas de madera, medité y me propuse a encontrar las razones de aquella extraña tarea de meter clavos y madera al encanto de la mañana.
Me contó mi padrino que mi padre, a su retorno de Norte América y con los conocimientos propios de su carrera se empeñó en hacer posible la luz eléctrica para su pueblo y logró hacerlo con la planta en el lugar denominado Tarabamba; quiso también participar en la política y se postuló para diputado como independiente con un lema muy peculiar que hasta hoy recuerdo: “Candidatura independiente, genuinamente popular”, dicho sea de paso encontré dentro de algunas cosas viejas estos curiosos volantes; me dicen también que mi padre habría sido uno de los primeros fundadores de las iglesias adventistas en Tayabamba; también el que lo recuerda dice que fue un prospero y honesto comerciante.
Y que tiene que ver todo este recuerdo con las ventanas taponeadas? siempre ensayo algunas respuestas a raíz de los relatos de mi propia madre y de mis padrinos que compartieron la época de mi padre y que lógicamente por razones del destino, ellos con mi padre se fueron a mejor vida en la dimensión desde la cual suele inspirarme y ser el culpable de derramar algunas lagrimas cada vez que lo contemplo en la única foto que dejara y que parece mirarme fijamente a los ojos y hablarme cada vez que me percibe en aprietos.
Dicen que la naturaleza humana del hombre tiene dos caras la primera generosa y la segunda ruin, cruel y envidiosa y claro sus contemporáneos vieron en mi padre una seria amenaza en sus pretensiones políticas o un descaro traer una religión extraña y desafiar a los fanáticos católicos o tal vez era un mal competidor para otros en los negocios puesto que siempre se llevaba la clientela completa.
Dicen que por las noches, algunas hordas de pandilleros llegaban hasta las ventanas de la habitación de mi padre que queda justo entre las esquinas Marquina y San Martìn y emprendían a piedras y destrozaban todo y luego cobijados y cobardes en la oscuridad de la noche desaparecían entre las sombras.
No sé cuantas piedras, no sé cuantos vidrios rotos, no sé cuantas lunas repuestas, no sé cuantas noches de angustia, no sé cuantos amaneceres amargos, no se cuanta infamia en aquellas horas de penumbra, solo sé que mi padre perdonó a todos, pero se propuso taponear las ventanas para protegerse a sí mismo y quien sabe pensando que si el hombre es un lobo por naturaleza y que los ciclos en la vida se repiten, en aquel accionar se prolongaba a proteger a su especie que luego de los años solo pretendió incursionar en política ya que los negocios y la religión quedó de lado.
Cada vez que observo las maderas sobre las lunas de la ventana, creo ver el rostro de mi padre dejándome su mensaje: hay que estar preparados en la vida de recibir algunas piedras por querer ser diferente.
Por: Eliseo S. Wenzel Miranda
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba.Com
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