
Noche de ronda
qué triste pasas
qué triste cruzas
por mi balcón
(Fragmento de la canción de Augustin Lara)
Eltayabamba.- Eran casi las nueve de la noche de un sábado de mayo y de pronto unos fuertes golpes de puerta me hacen salir, un grupo compacto de hombres y mujeres ataviados en gruesos ponchos y gorros de lana casi al unísono me dicen “esta noche nos toca rondar”; había que salir presuroso puesto que en estos días con la ronda no se juega, alcancé a ponerme unos dobles pantalones dos Chompas una casaca y un gorro de lana, por la premura no encontré un lloque, pero enrrumbé con destino a la esquina de la plaza de armas en donde mis ocasionales compañeros de ronda estaban tomando lista.
El viejo reloj de la torre repica diez campanadas, es momento de iniciar la ronda el encargado de la calle da las instrucciones y las rutas a seguir, luego nos dividiremos en dos grupos, dice; mujeres hasta las doce, varones hasta las cinco de la mañana; vaya noche que me espera dije para mis adentros; de pronto en paso casi uniforme ataviados y provistos de gruesos lloques los mas experimentados inician su paso cauteloso rumbo a las entradas principales, atrás nos colocamos los mas novatos, dicho sea de paso me sumé en la ultima fila, me constituí en ocasional pareja de “Nashe” un viejo conocido de la infancia; al menos tendré con quien conversar en esta larga noche, pensé sin percatarme que mi pareja de ronda chacchaba coca a boca llena por lo que me resigné a no obtener respuestas a un diálogo casi imposible optando por sumirme en mis propias meditaciones y recuerdos de los días transcurridos en esta mi tierra.
Llegamos al Alto de la salida a Suyopampa donde se encontraban apostados un grueso grupo de ronderos del anexo de Chunco, sentados masticando coca y alertas por si “vengan los de arriba” (comuneros de la Victoria), se hacen una serie de coordinaciones entre dirigentes y la ronda de mi calle se divide en dos grupos, unos a Santa Cruz, los otros por Alfonso Ugarte, yo me coloqué en el grupo de Alfonso Ugarte, igual decisión asumió Nashe y los 26 agrupados continuamos la patrulla rumbo al Alto de Añunca, previamente había que pasar por el popular barrio chino, famoso por sus cantinas con borrachitos incluidos, teníamos que indicarles que está prohibido expender licor a estas horas.
Las calles estaban vacías, mis paisanos dormían quizás muchos soñando un nuevo amanecer para este pueblo generoso, solamente se escuchaban los pasos apresurados de ronderos acompasados por el sonido característico del checo que contiene la cal inseparable compañera de la coca; bajamos por la Calle San Martín, conocida también como la Calle Guayaquil, por sus vecinos y comerciantes de antaño de cuyas tiendas y viviendas se escuchaban noche a noche los pasillos inolvidables propalados por Radio Huancavilca, una estación de radio ecuatoriana muy sintonizada en aquellos tiempos; recordé las largas encerronas con los amigos de toda la vida en la tiendita de don Juan Cenizario, que a propósito a pesar de sus años a cuestas, aquella noche nos acompañaba en la ronda; cuantas teteritas y cuantos brindis en su tienda, cuantas copas compartidas con Don Huguito o Don Eligio, entrañables de toda la vida. Cruzamos la plaza de Armas un grupo de ronderos apostados en la entrada del municipio custodiaban celosos las instalaciones, pasamos José Galvez y observo aun la pared de aquel corralón testigo de una noche lluviosa de abril y romance de juventud que se fue pero que conservo vivo el recuerdo y más aún en esta noche de ronda, me parece volver a ver su pelo negro ensortijado, su piel trigueña sus ojos claros y sus labios gruesos empapada por la lluvia mientras yo la besaba, mas al fondo mi querido amigo, no se que hacía con su enamorada de larga cabellera; dimos la vuelta por el chorro de la esquina, cuanto a cambiado la Av. Alfonso Ugarte, nuevas edificaciones, al costado el local del Colegio Angelo Pagani, que antes se llamó el Colegio Santa Teresa, donde estudiaban las guapas chicas de todos los distritos de la Provincia, mas abajo el Colegio Santo Toribio donde estudié la secundaria aparecía frente a mi vista distinto, pero ahí estaba de pie como siempre, hinché mi pecho de orgullo de haber estudiado en el primer colegio de la Provincia, me animé a tararear para mis adentros algunas letras de su himno “santo Toribio es el colegio, Tayabamba la gran ciudad, nosotros toribianos futuros del Perú”. Un Ex toribiano y cuantos más incluido mi amigo Nashe estábamos de ronda aquella noche y de pronto llegamos al alto de Añunca, nos dieron la bienvenida los ronderos de Macania apostados estratégicamente en la entrada; “todo bien compañeros” dijo una voz en medio del grupo; doce con veinte minutos aproximadamente una camioneta roja ingresa por curva; -que pare, identifiquen quienes son. -son de la Ugel dice otra voz que se había acercado a la camioneta detenida; -que pasen entonces- replica el que habló primero; los ronderos de Macania es cosa seria dicen algunos mientras seguimos la ronda y ahora con rumbo al Alto de la Caridad, pero primero al barrio chino a cerrar las cantinas, también a la discoteca el Refugio porque tiene permiso hasta la una.
Una cumbia de moda “ya se ha muerto mi abuelo ayayay”, sonaba fuerte desde el Refugio una discoteca de la calle Cahuide, un grupo entra e invita a sus ocupantes a salir, puesto que ya es la una de la madrugada y deben retirarse, de la esquina observo como van saliendo los jóvenes luego de una noche de diversión, unos con sus tragos encima, otros de la mano de la enamorada, pero todos desfilan ante la atenta mirada de los ronderos; inmediatamente mis recuerdos me llevan a viajar por aquellas épocas de juventud, si hubieran funcionado discotecas en esos tiempos, si al menos se hubiese podido andar de manitos de la enamorada, todo lo que se podía hacer es andar a escondidas con la chica o improvisar una discoteca en alguna casa simulando luces psicodélicas, pero jóvenes al fin, al volver a la realidad me percaté que Tayabamba tiene vida por las noches que tiene sus jóvenes y sus lindas chicas que se divierten y viven su época y que quizás en esos momentos maldigan la hora que llegaron los ronderos aguarles la fiesta.
Continuamos hasta el Alto de la Caridad y la Ronda del anexo Santa Rosa nos espera, alertas y cómodamente instalados en las puertas de la capilla nos saludan y nos indican que por el momento todo está tranquilo.
Son las Dos de la mañana y estamos por el grifo Santa Rosa, una combi llega de Retamas y hay que identificar a cada uno de sus ocupantes, otra camioneta aparece con dirección a la costa: - no hay pase señores, esperen a que amanezca- los ocupantes se estacionan en una parte lateral de la calle cerca al Municipio y al parecer se aprestan a descansar, bien por ellos, los envidio por esta noche.
Tres de la mañana y estamos por la plaza de armas, reforzando la custodia del municipio:- Que frío que hace, carajo- al fin Nashe había vuelto a la vida, al parecer botó el bolo y está en condiciones de entablar una charla – vamos al centro familiar- me dice, aquí hace mucho frío, vamos le digo y mientras subimos las escaleras me acuerdo que hará unos veinte años que no subo aquellas escaleras que nos conducían a ver las películas de esos años, Tarzan, los tres chiflados, cantinflas, recorren por mi mente, del balcón se puede ver el panorama de la ciudad, cuantas casas en la ladera, antes había solamente algunas y en una de ellas una antigua enamorada por cual suspiraba cada vez que miraba su casa desde aquella distancia, como no recordar a la mancha de aquel entonces, mi mejor amigo se había conseguido una grabadora portátil y nos dábamos maña para jalar con un cable la corriente desde el poste de alumbrado publico para escuchar nuestra música preferida al compás de la lluvia que bien se escuchaba a los Rolling Ston y su canción Angie.
Tres con veinte minutos de la mañana, un disparo me saca de mis recuerdos, todos corren, dicen que es en la casa del presidente de la ronda Juan Bata, el grupo de la plaza nos dirigimos a la vivienda, afuera unos costales de arena en el suelo y uno de ellos con un hueco de proyectil al centro – pucha y quien podría haber sido, me dice Nashe – mientras todos se movilizan, yo también me pregunto ¿Quién puede haber sido?.
Cuatro de la mañana y el frío penetra en los huesos, se movilizan los ronderos, se llaman por radio, hay que llamar a los ronderos de Huancas que están durmiendo en el centro familiar, alguien sube y presurosos bajan, cuan noble y puro puede ser a veces el alma del campesino, medito viendo a ese grupo de ronderos que no había pasado ni siquiera dos horas se fueron a dormir y ya los estaban despertando. -Reforcemos las entradas – dice alguien, mientras tanto Nashe y yo sentados en una banca de la plaza, recordábamos los tiempos que se fueron, Las calles de Tayabamba ya no están empedradas como antes, me dice, yo le digo que es verdad y pienso quizás esas piedras se metieron en los corazones de algunos que poco o nada se les ocurre hacer por esta tierra bendita.
Cuatro con cincuenta minutos de la mañana, es casi la hora, acompaño a mi compañero de ronda hasta la esquina de Salaverry, los demás ronderos están también culminando la noche de ronda, le doy la mano y me despido – será hasta unos 15 días que nos toque de nuevo- me dice; y mientras enrumbo con dirección a mi casa cruzo de nuevo por el municipio, como diez ronderos permanecen de pie en las gradas entretenidos en no se que conversaciones, mientras me digo para mis adentros que hermoso puede ser un pueblo que se organiza que camina con objetivos que se cuida y se protege y cuan fuerte uno se siente cuando alrededor hay gentes que caminan tu camino, y que comulga y participa al igual que el sacramento recibiendo un puñado de hojas de coca y compartiendo su checo.
Este amanecer es distinto a muchos otros en cuarenta y tantos amaneceres de mi vida, este amanecer de ronda fue algo especial en mi vida y que llevaré prendido al corazón, se que algún día partiré como los ronderos que llegaron y ya se van, pero estoy seguro que mis pasos en la noche de ronda por casi todas las calles de mi Tayabamba, quedarán impregnadas en su historia como la suave brisa de la mañana que se metió en mi alma para siempre.
Guillermo Ortega
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba
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