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Opinión
En Nombre del Padre
Por: Guillermo Ortega

Nombre del padre

 

Eltayabamba.- Andaba Jesús y sus apóstoles por la ciudad de Tayabamba y he aquí que a lo lejos divisó un tumulto de gente que gritaba JUSTICIA, JUSTICIA, mientras que unas mujeres y unos niños se abrazaban unos a otros desconsoladamente.

Señor, dijo Pedro es preciso que te acerques a esa gente y preguntes porque lloran y porque agitan su voz clamando justicia, Jesús que ya se había percatado del momento, echó su manto sobre el hombro y presuroso se acercó a la multitud que al verlo se abrieron paso.

-Señor- dijo una voz temblorosa, en cuyas manos  exhibía la foto de un ser querido por el cual clamaba- estamos aquí porque pedimos justicia, a mi esposo lo mataron y nadie hace nada, ha pasado mas de un año señor y nadie hace nada, las autoridades me dicen que están investigando y que hasta el momento no pueden dar con el responsable; en ese instante el diálogo se interrumpió y de entre la muchedumbre surgieron unas voces infantiles, eran tres niños, con mirada tierna y los ojos enrojecidos por las lagrimas se abrieron paso y se pusieron delante de Jesús, en ese instante algunas personas se interpusieron para que no se acerquen al Mesías: - Dejad que estos niños vengan a mi – dijo Jesús, mientras que en tono apacible una niña  acercándose casi al oído le dijo: - Señor, estoy aquí frente a Ti porque me quitaron a mi Padre, él era bueno, muchas veces me habló de Ti y te rezábamos juntos; yo y mis hermanitos lo extrañamos mucho porque nos hace falta sus brazos para cobijarnos y sentirnos protegidos de toda adversidad, nos hace falta su presencia para sentarnos a la mesa y compartir tu pan, para escuchar su voz en medio de la tempestad y saber que el nos podía guiar por el buen camino; el era bueno Señor y creía en Ti, pero lo mataron.

Tomás, el discípulo de noble corazón y que presenciaba la escena, estaba llorando al igual que muchos allí en la plaza; todos habían quedado como petrificados por las palabras vertidas y miraban a Jesús, en su rostro sereno una lagrima rodaba en su mejilla, estrechó a los niños entre sus brazos, alzó la mirada al infinito, donde El sabía que estaba el Padre, que lo miraba, que lo guiaba, que lo hablaba, lo conducía y lo protegía, ¿Porqué Padre Mío hay tanto dolor en el mundo; porque los niños tienen que sufrir y porque tanta crueldad entre hermanos ? .Oraba Jesús con la mirada perdida en el infinito, volvió la cara hacia los niños, les tomo de nuevo entre sus brazos, suspiró y les dijo: “En verdad os digo, Yo soy el camino, la verdad y la vida, todo aquel que en mi creyere aunque muerto no morirá”; besó en la frente a cada uno de ellos y partió seguido de sus apóstoles, sentados en el Alto de la Caridad, que así se llamaba aquel lugar y  en torno a Jesús,  Pedro le dijo: Señor, pero yo escuché que ellos clamaban justicia y Tu señor no les respondiste; -Recuerdas Pedro, dijo Jesús que por todos lados la gente clama Justicia, que en todos lados hay dolor y desolación, sin embargo escrito está Quien a hierro mata a hierro muere, esa es la mejor justicia Pedro; - pero Señor, insistió Pedro, es decir esa gente no alcanzará justicia?; Jesús que por un momento se había quedado como pasmado por la réplica de Pedro, en un instante se incorporó y con voz fuerte dijo: - Justicia en la tierra no esperéis, recordad que el mundo está lleno de mercaderes y que la justicia se compra y se vende; Justicia, Pedro, solo la de mi Padre, cuando todos lleguen a su presencia serán examinados una a una sus obras y aquel que la gente busca ahora, tarde o temprano rendirá cuentas a pesar de sus influencias pagará por lo que ha hecho, porque el Padre de aquellos niños está en el reino de mi Padre y desde allí protege y guía sus pequeños hijos, no están solos, su Padre les mira desde la Gloria; dicho esto, Jesús, abandonó el grupo y dirigiéndose a un escampado, alzo los ojos al cielo y clamó: “Padre, bendice a todos los niños huérfanos que han perdido al Padre amado, bendice a las viudas y bendice este pueblo, que la justicia divina caiga sobre quienes ahogan en llanto los hogares y hágase tu voluntad”.

 “Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuela a Dios que lo dio (eclesiastes 12:7).

Por: Guillermo Ortega
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba

 


 
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