
Eltayabamba.- Dicen que cuando las palabras se agotan, lo que siguen son las piedras y los palos y eso fue lo que sucedió el día viernes 24 de julio del dos mil nueve en Tayabamba capital de la provincia de Pataz, región La Libertad el día de la barbarie que será recordada seguramente como el día más lamentable en los anales de la provincia de Pataz.
En muchas líneas aquí en este diario se venía exhortando a las autoridades para que pongan mano firme y hagan sentir la presencia del Estado en esta ciudad, sin embargo las circunstancias pudieron más que las leyes y la razón y se produjo lo que se ha venido a llamar la crónica de un enfrentamiento anunciado.
Las condiciones estaban dadas para que estos hechos pudieran producirse en cualquier momento, los enfrentamientos verbales ya se habían producido sin embargo se dejó avanzar y hoy tenemos los resultados, más de veinte heridos, mayor división entre el campo y la ciudad y unos atormentados niños que no se explican de cómo en una ciudad que se dice civilizada tengan que producirse estos enfrentamientos.
No podemos justificar a unos ni condenar a otros, la situación desbordó porque así se venían dando las cosas y nadie puso el alto en los momentos precisos, se dejó avanzar las viejas rivalidades se fueron contagiando los ánimos con agitadores interesados de ambos lados para que la situación se desborde y sacar provecho personal o de grupo, unos en su apetito personal de figuración, otros en su odio ciego de enfrentar por enfrentar, otros por mantener privilegios, sin percatarse que estaban enfrentando a hermanos contra hermanos.
Que hay personas que les encanta la violencia, eso lo sabemos, que hay otras que manipulan y luego se esconden también lo sabemos, pero lo que no se puede permitir es que se arrastre a todo un pueblo al enfrentamiento y la batalla campal como sucedió en esta ciudad de Tayabamba y lo peor, en las narices de las autoridades.
Quizás, debemos sacar lecciones que sirvan en adelante, la primera de ellas debe ser, basta de dejarnos manipular por personajes que buscan intereses y se dicen ser lideres o dirigentes pero que en el fondo solo buscan intereses personales, la otra gran lección debe ser que con la violencia no se consigue nada, sino preguntémonos que ganaron los comuneros de La Victoria o que ganaron los ronderos y pobladores de Tayabamba? ninguno ganó absolutamente nada, pero si se puso en peligro la vida y la integridad de personas inocentes, no se puede atacar o perseguir a una madre con su niño en brazos, eso es salvajismo, como lo es también aquel que utiliza a estas mujeres y niños como escudos humanos para lograr sus fines.
Seguramente, si somos lo suficientemente inteligentes para evitar nuevos hechos lamentables, lo primero será identificar quienes son verdaderos dirigentes y quienes son los manipuladores e instigadores y descubrir que intereses persiguen y denunciarlos públicamente, no podemos seguir tolerando la violencia y el enfrentamiento y por mas actas que se firmen de nada servirá si continuamos dirigidos por agitadores.
Hagamos un pequeño alto en el camino y reflexionemos, miremos a nuestro vecino como hermano, miremos a nuestro hermano del campo como a nosotros mismos, no más violencia, hagamos un intento colectivo y casi sobrehumano de mirar unos cuantos años atrás, donde Tayabamba era la ciudad pacifica hospitalaria, donde podíamos salir al campo y comprar nuestros cuyes y papas y también podíamos vender sal y azúcar a nuestros hermanos del campo y que compartíamos juntos las viejas tradiciones.
Lástima que en estos dos últimos años se haya instalado en esta ciudad una suerte de bandolerismo de las costumbres, personajes que la historia debe condenar quisieron imponer a sangre y miedo sus intereses y eso fue el germen de la enfermedad que hoy venimos padeciendo.
Por nuestros niños, por nuestro futuro basta ya.
Por: Guillermo Ortega
REDACCION DIGITAL Eltayabamba
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