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Los Huaris
Por: Arnold Melgarejo López
Viernes 4 de septiembre de 2009

Eltayabamba.-El sargido de los cascabeles resuena en nuestro interior tan solo con recordar la máscara rosada y la visera verdusca de los huaris, viven articulados a nuestra infancia, aquella experiencia anidada entre los jirones inclinados de Tayabamba, aquel pueblo cubierto de tejas con sus calles mitad urbanas mitad bucólicas por donde aparecía la viejita Hermelinda llevando en su quipe el odorífero chincho y los dulces llacones, y su hijo, el mudo Guagua, tamba tambra a su retaguardia.

Huaris Tayabamba

La danza caballeresca de los huaris contrasta con su nombre, porque escenifica la lucha de los caballeros medievales europeos con casco y coraza reluciente, y su nombre es herencia del bravo combatiente wuari conquistado por el guerrero cuzqueño, fusión de valor que más tarde alumbraría al Tahuantisuyo.

Acaso no son los cuetes que se rompen en lo alto, cual cómplices, para hacer más vivo el sargido de los cascabeles que se corresponden con la banda y la misteriosa sonrisa de Santo Toribio cuando avanza en los abriles. Si la presencia de los diablos nos asuntaba cuando niños, la danza de los huaris nos serenaba. Pero no solo los púberos aman estas simplezas dulces para el alma, porque mi profesor Matías Jara gustaba sumarse a los danzantes de Huarimarca, mi tío Ulado Caballero se colaba danzando entre los huaris y don Feliz Barrios aun no se jubila de diablo del barrio bajo, ni mi amigo William Mebus se cansa de aspirar a ser diablo bueno.

Esos Huaris tayabambinos primos hermanos del santo, representan a las ordenes de caballería las que sacaron a la Europa medieval del oscurantismo, fueron los caballeros mitad monje mitad soldado los que comunicaron a Europa con el próspero Oriente en donde florecía la ciencia, la arquitectura, la literatura clásica, y trajeron consigo la cultura que iluminó al analfabeto europeo; fueron estos caballeros los que volvieron trayendo las obras platónicas y pitagóricas en donde señalaban a la tierra redonda, de allí que Cristóbal Colón bosquejara en las velas de sus barcos la cruz roja símbolo de los caballeros templarios; aquel emblema que representaba el conocimiento que la ciencia oficial negaba.

La edad media europea fue empujada hacia el renacimiento y el humanismo por las órdenes de caballería.

Presumo que la tradición de nuestros Huaris de Tayabamba proviene de la provincia ancashina de Huari, seguramente traída por nuestros abuelos tayabambinos que vinieron de Ancash, de allí que también se fundara un Club Spot, cuyo nombre, no cabe duda que aspiraba a ser la réplica del famoso Club Sport Ancashino.

La huaridanza en la provincia ancashina de Pomabamba, tiene mucha semejanza con la danza e indumentaria de los huaris tayabambinos; y en esta localidad señalan que la danza fue traída de la provincia de Huari para solemnizar la fiesta del “Taita Pancho” San Francisco; y siendo una provincia que limita por el norte con Sihuas y La Libertad, inferimos que este debe haber sido el camino que recorrió la danza de los huaris hasta llegar a Tayabamba.

Se dice que la danza de los huaris representa la lucha que sostuvieron los conquistadores españoles por el dominio del Perú; dudo que este sea el origen de la representación, porque el conquistador español ya no llevaba la coraza completa ni el casco con visera cubriendo el rostro, esa indumentaria predominó tres siglos antes de la conquista del Perú; además en la España de entonces, ya se representaba la danza de los caballeros medievales muy semejante a los huaris, pero sin la gracia que poseen los nuestros, una danza marcial de caballeros, valientes, dignos y alegres; como si el espíritu guerrero del medio evo, hubiera encontrado en nuestra sangre mestiza un mejor continente.

Los espejos en la corona de los huaris, representan el brillo del yelmo medieval, como cuentan las historias heroicas que yelmos y corazas brillaban al sol en tanto los penachos ondulaban en rojo, azul y blanco; de allí que nuestros huaris surtan su corona con plumas pequeñas y teñidas de color; e innegablemente el lloque es la otrora espada, símbolo de la iniciación en la orden de caballería, la que solo se usaba para la defensa y el combate de igual a igual; por ello que “ser caballero”, es decir justo y equilibrado, ha quedado como un precepto en el inconciente de la humanidad.

Rescatar el contenido oculto en nuestras tradiciones y celebraciones ayudará a nuestra provincia a reponerse y reconstruirse moralmente, porque la oscuridad solo es una falta de luz, y en donde pongamos la llama de la educación y de la verdad, desterraremos las sombras que dañan nuestros corazones y nuestra unidad patacina.

Por: Arnold Melgarejo López
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba

 


 
 
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