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Las tejas de Tayabamba
Por: Arnold Melgarejo López
Jueves 25 de febrero 2010

Eltayabamba.- “El violinista del tejado” es un clásico del cine, así como la afamada miniserie “Ana de las Tejas Verdes”,  títulos que se sirven de las láminas de barro para despertar una sensación romántica y sosegada; el mismo sentimiento que despiertan nuestros tejados tayabambinos vistos desde el barrio alto.

La tejas de Tayabamba

La arquitectura es la materialización de un ideal; es la caverna, la choza mirando hacia adelante; en tanto que el ornato bucólico, es el sentir cálido que se aleja del cálculo para oír el canto, la flauta; es el tiempo subido en el techo para ver el ayer.

Los tejados que cubren Tayabamba forman parte del patrimonio cultural patacino, y su conservación debe hacerse obligatoria, por lo menos de una parte. En muchos lugares se protegen con leyes especiales los empedrados, grifos antiguos, faroles, balcones y todo aquello que está articulado a la historia del pueblo.

Si bien el progreso perfecciona los materiales, mejora los techos y las paredes; no siempre guarda esa proporción íntima que une al hombre con lo bello; por eso el barro colorado sigue siendo más cálido a la emoción que el brillo férreo de la calamina; aunque el pan hecho en metálico orno industrial sigue siendo pan; pero no es igual al cocido en orno de barro.

Trujillo lloró cuando en la esquina entre Orbegoso y Pizarro se levantó un edificio con diseño moderno, porque dañó la armonía arquitectónica colonial que caracteriza a su plaza de armas, desde entonces se erigieron estrictas ordenanzas municipales para conservar el centro histórico trujillano.

Tayabamba necesita ordenanzas de este mismo cuño, para conservar las casas que rodean su plaza de armas; no importa si son hechas de cemento, pero su arquitectura debe ir en armonía con el resto del entorno tradicional, de lo contrario, en pocos años Tayabamba será otro pueblito feo como los que abundan en muchas partes, con paredes de concreto despersonalizadas y huérfanas de aleros, y que en cuanto pierden el maquillaje de la pintura, forman calles deprimentes cual suburbios. Eso no queremos para Tayabamba; supongo.

Los tejados sirven de anzuelo al ojo y la emoción del turista; una prima limeña me dijo alguna vez, “si Tayabamba se llenara de calaminas sobre sus techos ya no habría motivo ni encanto para visitarla”; una conclusión muy cierta, y un peligro muy cercano, porque nuestra provincia es minera, y el campamento contagia.

Nuestro elefante blanco, el edificio Santa Teresa, no habría perdido su esplendor si su sombrero hubiera sido ondulado por las láminas en rojo indio. Y nuestro edificio municipal, así como su moderno vecino el Comercial Johny, aunque rompen la característica de las casas alrededor de la plaza tayabambina, aun se pueden arreglar con un revestimiento en su fachada, quizás con molduras o con puertas de madera bien trabajada, ayudaría a rescatar ese encanto de pueblo de antaño, imán para el espíritu.

El llamado progreso o modernismo, no es una laguna a donde hay que sumergirse sin precaución; porque todas las tendencias son neutras, son como el agua, buena para el sediento pero mala para el que se está ahogando. Si bien es cierto que urge modernizar nuestra provincia, pero con ello no significa que debemos sepultar sus rasgos particulares que forman parte de su personalidad; lo que necesitamos es reforzar el esqueleto infraestructural, para luego cubrirlo con los colores, atuendos y sonrisas de nuestra tierra.

Dicen que los ricos aspiran abandonar las bulliciosas urbes llenas de concreto para irse a vivir en el campo en una casita de tejado y amplios patios; en tanto que el pobre del campo, sueña con abandonar su casita de tejado y amplios patios para irse a vivir en una casa de concreto en las grandes y bulliciosas ciudades. Nos es irónica la vida?

Volvamos a mirar nuestros ondulados tejares, de cierta distancia como se miran las obras de arte, volvamos a sensibilizarnos con el contraste que hace el albino yeso que trepa las paredes, sortea los balcones y se junta con el ondulado granate.

No es más celeste el cielo cuando miramos la cornisa del tejado?

Arnold Melgarejo López
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba

 


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