Eltayabamba.- El silencio antecedió a la palabra que hizo todas las cosas, señal de que el sonido es el servidor secundario de la voluntad que ya descansaba en el universo aun inmaterial; sobre esta premisa reposan todos los credos de la humanidad, y es válido para las demás expresiones del hombre.

No es casualidad que los más prominentes literatos y poetas del Perú y de otras culturas fueran taciturnos y cortos de palabra, al grado de que Ciro Alegría no sabia expresarse frente al público, y no solo hablaba mal, sino que su acento serrano, como el nuestro, le impedía articular emocionalmente las ideas apiñadas en su cerebro, nos relataba Jorge Chavez Peralta, mi profesor de literatura en el colegio militar en donde terminé mi secundaria, quien estuvo presente frente al autor de El Mundo es Ancho y Ajeno. Y como también sabemos, César Vallejo, ya conociendo su dificultad para hablar ágilmente, escribía en un papel algún párrafo aduciendo estar afónico, para que los “amantes de la verborrea” le atiendan con un poco de esmero; evidentemente mientras estuvo en el Perú, porque en el resto del planeta, repito, en el resto del planeta, no se da importancia obsesiva a las palabras, sino al mensaje contenido en ellas, porque saben bien que los truhanes y estafadores, en todos los niveles, manejan afiladamente este instrumento; y además hablar muy rápido y soltado de huesos es contrario a la virtud y la buena educación.
Los serranos nos impresionamos inicialmente cuando entramos en contacto con los costeños, porque los encontramos muy desenvueltos, y más aun cuando los escuchamos atropellando el español diciendo: “Carragco”, “Wachinton” y “pe” con el ingrediente vanidoso; me refiero al populorum costeño, evidentemente, porque los costeños educados son sencillos, moderados y pronuncian sin afectación, como en todas partes. Y nosotros, me incluyo, nos copiamos, lastimosamente de esa mayoría, para escucharnos costeños, dejando nuestro modo tradicional para las borracheras y velorios. Cuando descubrí, fuera de la patria, en aulas de clase, en los libros, en las conferencias, en las tertulias, que el carácter sigiloso, callado, solitario, era vital para adentrarse en las profundidades del pensamiento y del ser, y que en este terreno del silencio habían brotado las lumbreras de todas la culturas, este dato me enmudeció de alegría; pero más aun cuando me enteré de que los nacidos en las alturas tenían ya por naturaleza el temperamento conveniente como el humus de la tierra para ayudar a germinar las semillas del conocimiento, de la ciencia, del arte y de otras cosas más; entonces corrí a verificar los lugares de nacimiento de nuestros prohombres peruanos, y efectivamente casi todos han nacido en las alturas de la patria. Esta verdad conocida en todas las latitudes, y callada en nuestro país, no se debe tomar como regionalismo, simplemente como una brizna más de las variadas riquezas que disponemos los patacinos y los andinos y que debemos aprovecharla, y ahora difundirla para que el talento que duerme en el pecho de los jóvenes de nuestra provincia no se quede en la oscuridad de la circunstancias ni se apague por la falta de comprensión de los muchos.
Para verla progresar a nuestra tierra, hay abundante trabajo por hacer, por ello es preciso integrar nuestras voluntades y propósitos personales a los colectivos de Tayabamba y Patáz, porque solo así un día podremos irnos alegres del mundo, como lo hace el río cajón cuando se aleja cantando de piedra en piedra.
Por: Arnold Melgarejo López
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba
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