Eltayabamba.- No hay mayor regalo que caminar por la puna de Ciro Alegría y ver a la camaya Antuca absorta escuchando el huaino que se escapa de la quena melancólica del Pancho, como el eco de los chorros tayabambinos precipitándose sincerar en el silencio de la noche. Insólita mezcla de alegría y tristeza son todos los cantos del espíritu andino.

Los chorros de Tayabamba, extrañamente siempre han pasado desapercibidos, porque son tan nuestros, como diría Rudol Steiner del fuego, que por ser tan familiar a los humanos, creemos conocerlo, pero hasta el presente, los científicos desconocen su naturaleza.
Los tayabambinos acostumbrados al ulular de los chorros, no advertimos que perdemos miles de litros de agua purísima todos los días, y que hay millones de humanos en el planeta que pagan más de tres soles para beber un solo vaso de agua de esta calidad; y no me refiero al agua embotellada, cuyo estandar es aun inferior a nuestros líquidos. Aunque los chorros no se secarán en tanto la Virgen del cerro de la plata contemple Tayabamba, pero quizás darle un mejor uso al líquido sería sensato, como invertir en reservorios y distribuirlo por un sistema de cañería a los hogares, cuidando de no sepultándolos vivos como hizo el progreso con el chorro del mercado.
“El que toma de esta agua no se va de la tierra, y si lo hace, es con una tayabambina”, parece un frase meramente folclórica, pero no dirán los mismo las docenas de profesores que vinieron en los años 70 y 80 a Tayabamba, foráneos que terminaron siendo nuestros tíos; y en esas mismas décadas, varios curitas y monjitas colgaron los hábitos. Ah, y es de no olvidar, parece que el agua no solamente va por el corazón, sino también por el carácter, porque en todos estos hogares hay reinado con reina y no con rey.
Y el chorrito blanco, dicen que regala otras virtudes, como la longevidad, pues mi tía Olegaria y mi bisabuela Francisca Silva nos abandonaron pasados los cien años; y mi tía Celinda Tafur como mi abuela Mercedes Rivera, que siempre han bebido de esta agua, van por el mismo camino; por eso las ninfas que habitan las fuentes suenan en voz de Violeta Mebus cantando al alboso corrito del barrio bajo.
Nuestro pueblo tiene abundantes riquezas, unas materiales y otras para el alma. La pureza de nuestras fuentes solo es un rasgo de la fecunda ubre de nuestra tierra.
Por: Arnold Melgarejo López
REDACCION DIGITAL Eltayabamba
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