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Pataz y su Historia (parte II final)
Por: Arnold Melgarejo López
Martes 17 de febrero de 2009

Eltayabamba.- Como señalamos en la primera parte del presente artículo, su servidor, el que escribe, solamente intenta excitar reflexiones en torno a la historia de nuestra provincia, sin querer dar lecciones, porque todo lo que escribimos ya está contenido en las investigaciones conocidas, aunque algunas calcadas de ópticas muy particulares.

Nunamarca Pataz

Por otro lado, reitero mi deseo de ver una revisión total y más profunda del devenir histórico de nuestra provincia; porque solamente conociendo el pasado, como aquel que templa el arco, cuanto más atrás lo haga a mayor distancia llegará su fecha.

En la primara parte del artículo discurríamos sobre el origen de Pataz como provincia, y reflexionamos sucintamente sobre su tránsito entre el virreinato y la República basándonos en informaciones escritas. Hoy nos referiremos al pasado más lejano de Pataz en donde casi andaremos a tientas agarrándonos quizás de algunos vestigios que nos sirvan de guía, porque a pesar de la riqueza inmensurable del antiguo Perú, se ha estudiado muy poco en comparación al pueblo Azteca y Maya.

La ciudadela de Nunamarca ubicada en el distrito de Chilia y que fue visitada por Julio C. Tello en el año 1937, tiene la huella patente de la cultura Chavín de Huantar; Tello lo menciona muy sucintamente. Podríamos decir inclusive que observando las fotografías de los frisos Nunamarquinos y de Chavín parecen cincelados por el mismo escultor, y sobre todo la iconografía, cuyo significado abarcaría varias páginas para desvelarlos; material valioso y suficiente para afirmar que aquella lejana cultura preincaica dominó el occidente patacino; porque el oriente, refiriéndonos específicamente a los restos del Pahuarchuco, fue claramente dominio de la cultura Chachapoyas, evidentemente mil años después de Chavín de Huántar, la que desapareció aproximadamente en año 200 a.c. en tanto que Chachapoyas alternó con los conquistadores españoles.

Antes de la llegada de los españoles al Perú, la importante cultura Chachapoyas florecía ya desde el siglo IX entre los ríos Huallaga y Marañón, y sus dominios se extendían sobre el cordón oriental patacino. Más tarde, en el siglo XV, al ser conquistados por los incas, como lo señala Garcilaso de la Vega al referirse sobre el paso de los ejércitos del Inca Tupac Yupanqui en el año 1447 por Piás para adentrase en el actual departamento de Amazonas asiento de los Chachapoyas.

En las ruinas de Huarishtambo (creo que así se llaman) en las faldas del Pahuarchuco, hay restos de edificaciones en muy buen estado (las visitamos el año 1980), algunas paredes en pie medían hasta de 2.5 metros, sobre las que corrimos jugando como era propio de la edad. En estas construcciones observé una característica que años más tarde despertó grandemente mi curiosidad, y era el modo ovalado que tenían las coyunturas internas de las edificaciones, particularidad muy marcada en las construcciones Chachapoyas, como dice el arqueólogo Inge R. Schjellerup “El rasgo más característico del asentamiento Chachapoyas lo constituyen las edificaciones circulares de piedra…”, “así mismo otros edificios tienen en su interior estructuras semicirculares pero no sabemos cual era su función”.

Luego cuando seguimos la cuesta en aquel año de 1980, llegamos al medio día a la cima del Pahuarchuco con el propósito de ver la cordillera blanca, pero no fue el nevado lo que nos cautivó, sino los restos circulares de una pequeña ciudadela prácticamente diseñada para no tener esquinas, en donde luego caminamos por un pasillo o zanja que circulaba todo el antiguo y misterioso asentamiento, para observar luego, entre las piedras diseminadas, una suerte de oquedad central de unos 50 centímetros de radio revestida por una pared ovalada de piedra y barro. Miremos lo que dice el autor antes mencionado sobre las construcciones Chachapoyas “Un rasgo característico de las instalaciones del intermedio tardío de los Chachapoyas es la construcción de paredes con piedras más pequeñas en las cumbres de los cerros que estaban arriba de sus asentamientos, igualmente de forma circular”.

Lo antes expuesto es una muestra de que los restos patacinos sobre el Pahuarchuco y posiblemente los demás de la provincia, tengan las mismas características Chachapoyas; porque los incas no pudieron imponerse totalmente los primeros 60 años, periodo en el que brotaron contantes rebeliones impidiendo la consolidación de la cultura del sur. Los españoles cuando llegaron al Perú se enteraron de esta situación y la aprovecharon, aliandose con los Chachapoyas para combatir a los incas. Esa es la razón por la que los españoles penetraron con facilidad en el ande norteño de la actual Libertad y Cajamarca, partiendo en dos a la cultura incaica, desechando el quechua y las festividades como el Inti Raimi que se continua hablando y celebrando en el Ecuador, y que nosotros los patacinos apenas lo remedamos con las ingas.

Y la tradición que nos habla de los chunchos atacando Collay, por cierto palabra despectiva para nombrar a nuestros hermanos de sangre del oriente, aquellos chunchos (chhuchu en quechua significa guerrero) son nuestros antepasados Chachapoyas de la facción que no se unió a los españoles para guerrear contra los incas; y sus ataques a Collay y Condormarca, no era por su estado salvaje como lo trata el tal Aristo del Mercurio Peruano en el año 1791, sino por una tradición militar de reconquista de sus territorios antes despojados; y tampoco eran los Xibitos y Cholones, porque estos dos grupos no eran guerreros ni pillos, sino grupos humanos que se dedicaban a la producción doméstica y a la subsistencia agrícolas e intercambiaban con los Chachapoyas en una situación de subordinación.

Varios historiadores peruanos y ecuatorianos, coinciden en sus conclusiones de que Atahualpa nunca conoció el Cusco, porque nació en el norte, dicen que su madre era Chachapoyana y no de Quito, y que Huayna Cápac a su paso hacia el norte para sofocar sublevaciones en Ecuador, se llevo a Atahualpa cuando era un adolescente; de allí se deduce, que al no haber sido formado como guerrero en los centros cusqueños para tales fines, cayo ingenuamente en la trampa de los españoles.

En todo caso, si Atahualpa fue hijo de una mujer Chachapoyana, entonces el último inca del imperio, sería de la misma sangre que nuestros antepasados Chachapoyas que dominaron el Pataz precolombino.

Arnold Melgarejo López
REDACCIÓN DIGITAL Eltayabamba

 


 

 

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