Eltayabamba.- Cuando surgieron los andes, hace miles de años, se suscitaron colosales erupciones volcánicas en la región que actualmente ocupa nuestra provincia de Pataz, y aun quedan sus notorios restos, las bocas abiertas donde el ígneo y viscoso líquido gorgojeaba rojizo cual sangre de la tierra. Acontecimientos que ayudaron a formar las vetas del oro de nuestros cerros.

La verdosa laguna de Colpabamba, estéril para vida de los peces a causa de su alto contenido de azufre en sus aguas, materia química que se escapa de la vena volcánica que viene desde la Caldera, pasa bajo su lecho, y se prolonga hasta las espaldas de Guaruguaga, lugar en donde el agua a formado lagunas silenciosas en las oquedades de los cráteres extinguidos, y las rocas de la cerros que las cubrían yacen diseminadas por los parajes inhóspitos de la puna.
Las albuferas más altas, es decir, la docena de lagunas que espejean al cielo atrás del cerro la plata y las otras seis atrás de Guaruguaga, carecen ya del azufre, el que fue cauterizado al solidificarse la lava, en tanto que la abertura tardía, más blanda y más baja, la laguna de Colpabamba, aun conserva el hilo umbilical con las profundidades del reino de Vulcano, el dios del fuego y los metales de los griegos; pero también en un estado volcánico inactivo indudablemente.
Pues, si Pataz no fuera cristiano, aun tendría como regente a Pachacamac, porque él era el dios incaico de los volcanes, el fuego y los metales, de allí los nombres en su honor aun vigentes en nuestra provincia: Pachacraguay y Paccha.
Nuestros tatara tatarabuelos conocían mejor que nosotros esta región, y nombraban a los lugares simbólicamente o teniendo en cuenta la geografía o la geología, de allí el sugestivo nombre de la Caldera, que significa orno o fogón (área de los volcanes), y Collay, el pueblo más antiguo de la provincia celebra su fiesta en honor a la virgen de la Candelaria, es decir la virgen de área de la candela, la patrona de los mineros. Los antiguos peruanos decían como los orientales, que el hombre debe vivir en armonía con la naturaleza para que ella le ofrezca sus dones.
Los tayabambinos recordamos el relato aquel de la serpiente que tiene su cola en el otero del barrio alto de Tayabamba, el actual campo deportivo, y su cabeza en la laguna de Colpabamba; bien, la serpiente en la antigüedad era asociada con el fuego, y también con los ríos, y posiblemente el cuento hacía alusión a un río subterráneo; porque como sabemos en el campo deportivo había una pequeña laguna, la que estaría comunicada subterráneamente con la laguna de Colpabamaba; dato que los antiguos conocían misteriosamente, y que actualmente se sabe por investigaciones, que la mayoría de los ríos subterráneos son túneles hechos por lava volcánica. Y aquella cola, a la que hace alusión el cuento, no era tan corta, posiblemente era una referencia a la vena subterránea que comunicaba a los polos de mayor actividad volcánica, la Caldera y Guaruguaga.
Los sabios antiguos de todas las culturas, trasmitían el conocimiento de un modo sencillo y pedagógico para que un niño o un analfabeto pudiera entender y guardarlo en su memoria, método muy seguro para trasmitir la tradición de generación tras generación, sin la contaminación del “dato preciso de una época”, por ello, nuestra humanidad actual montada sobre todos sus avances, no puede prescindir de los mitos, las leyendas y las parábolas de la antigüedad, enseñanzas alegóricas dirigidas al alma humana cruzando sin permiso los dominios del racional cerebro.
Quiero advertir que no hay motivo para alarmarse por tener en nuestro vecindario volcanes extinguidos. En Panamá hay un pueblo que se encuentra en el seno de un gigantesco cráter volcánico inactivo, en donde hay hermosas casas y fincas de gente muy acomodada, calles asfaltadas, iglesia, escuelas y colegios, la tierra es cultivable y está llena de vegetación; y sus habitantes duermen tan tranquilos como si vivieran en una pampa.
Que el dios incaico Pachacamac ayude a nuestra provincia.
Por: Arnold Melgarejo López
REDACCION DIGITAL Eltayabamba
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